"Sus ojos eran el reflejo de mi alma que de a pocos se apagaba, su llanto mi desdicha, su sonrisa mi felicidad… Sus labios abiertos me hacían la invitación a un beso, yo mordía su boca, su lengua podría haberle mordido hasta la tristeza... Sus manos viajaban por mi cuerpo sin pagar boleto, moldeaba mi figura con su roce, le gustaba tocarme donde la naturaleza me premió, sus dedos despertaron ese espacio que por años se consumió, sus manos empezaban a darle vida a mi vida y su regreso empezaba a darle sentido a mi locura… No era su oído el lugar a donde yo quería llegar con mis palabras, era a su alma.”

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